martes, 10 de mayo de 2016

¿FRANCISCO VA A CAUSAR UN CISMA CON “ AMORIS LAETITIA”? ¡NO!


Aleteia/03.05.2016

El filosofo mexicano Rodrigo Guerra responde a la durísima acusación del filósofo alemán Robert Spaemann contra el Papa

El pasado 28 de abril, Robert Spaemann, calificado como uno de los filósofos católicos más importantes del mundo, concedió una entrevista en alemán a la Catholic News Agency sobre la reciente Exhortación Apostólica postsinodal del Papa Francisco: Amoris laetitia el pasado 28 de abril.

En ella, el académico berlinés –filósofo cercanísimo a san Juan Pablo II y amigo de Benedicto XVI– sostiene que Francisco ha roto con la doctrina del propio san Juan Pablo II expresada en las encíclicas Veritatis splendor y Familiaris consortio.

Así mismo, plantea, en una premisa temeraria y muy seria para los tiempos que corren en la Iglesia, que el Papa abre la puerta a un cisma. Por ello, hemos planteado una serie de preguntas al filósofo mexicano Rodrigo Guerra, quien conoce al profesor Spaemann y coincide con muchas otras valoraciones en calificarlo como un gran filósofo católico, y un hombre, en muchos sentidos, extraordinario, pero cree que en este caso está equivocado en su juicio.

El profesor Spaemann sostiene que el parágrafo 305 de “Amoris laetitia” y la nota 351 son incompatibles con el número 84 de “Familiaris consortio” ¿cuál es su opinión?

Oponer la enseñanza de Francisco con la de Juan Pablo II es un error. Francisco claramente señala que una persona que viva en una situación objetiva de pecado pero que no sea subjetivamente culpable, eventualmente puede acercarse a los sacramentos. Esto no es ninguna novedad. Es doctrina constante que no basta la materia grave para constituir un pecado mortal. Es preciso el pleno conocimiento y el pleno consentimiento.

En otras palabras, Francisco sostiene la doctrina respecto de la imposibilidad de acercarse a la Eucaristía si una persona está en verdadero pecado mortal. La cuestión que requiere discernimiento paciente es precisamente si existe o no pecado mortal propiamente dicho en cada situación irregular.

¿Los divorciados vueltos a casar pueden acercarse a la Eucaristía conforme a lo que enseña el Papa Francisco?

La expresión “divorciados vueltos a casar” es muy amplia y abraza un sinnúmero de situaciones particulares. En algunos casos, previo discernimiento, acompañamiento pastoral y confesión sacramental, podrán hacerlo. Francisco también nos dice que en algunas ocasiones no encontrarán una respuesta conforme a sus deseos. Lo importante, dice es entender la via caritatis: sólo hay camino en el amor.

Comprender las situaciones difíciles nunca implica negar la verdad que anuncia la vida evangélica. Pero, al mismo tiempo, el anuncio de la verdad es preciso que encuentre caminos llenos de amor y compasión. Cuando la verdad se afirma sin caridad, destruye. Y cuando la caridad se afirma sin verdad, confunde.

Spaemann insinúa que Francisco no acoge la condena a la ética de situación realizada por san Juan Pablo II en “Veritatis splendor” y que se inscribe en una corriente jesuítica situacionista que proviene del siglo XVII. ¿Es esto cierto?

Este es un grave error que solo puede ser afirmado por ignorancia o por prejuicio. No hay “moral de situación” en Francisco. Lo que existe son situaciones y circunstancias que hay que comprender bien antes de juzgar. Sólo de esta manera se puede, entre otras cosas, descubrir el grado de imputabilidad del acto realizado.

También dice: “quisiera que el Papa me dijera después de cuánto tiempo y bajo qué circunstancias un comportamiento objetivamente pecaminoso se convierte en una conducta agradable a Dios.” ¿Qué opina usted?

El 29 de abril el Papa Francisco ha dicho que un cristiano no debe andar entre tinieblas, porque allí no está la verdad de Dios, pero si cae, puede contar con el perdón y la dulzura de Dios, que lo devuelve a la vida de la Luz. Así mismo, en la propia Amoris laetitia dice con gran fuerza que cualquier forma de relativismo sería una falta de fidelidad al evangelio.

¿”Amoris laetitia” coloca a la Iglesia en un riesgo de cisma?

El cisma surge cuando se fractura la comunión. La comunión con el Sucesor de Pedro se basa en la fe, es decir, en la certeza de que Cristo no abandona ni a Francisco ni a su Iglesia. El Concilio Vaticano II nos enseña que el Papa es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad en la Iglesia. Posee potestad plena, suprema y universal. Sólo hay cismas visibles o encubiertos cuando al interior del corazón dejamos crecer nuestra propia vanidad y soberbia. Los “académicos” e “intelectuales” somos especialistas en este tipo de vicios pero estamos llamados a superarlos si nos dejamos acompañar y educar.

¿Qué mensaje le compartiría al profesor Spaemann y a quienes simpatizan con sus cuestionamientos?

La desproporción intelectual entre el profesor Spaemann y su servidor es inmensa. Lo único que me atrevo a decir con afecto pero con verdad es que María abrazó el anuncio del Ángel no porque todas sus dudas se hubieran despejado. Lo decisivo fue que Ella había sido como dispuesta por dentro desde antes. Su corazón, lleno de libertad, ¡lleno de gracia! y sin arrogancia, estaba disponible a acoger con fe la palabra del mensajero de Dios.

Y, por último, ¿no es legítimo tener discrepancias con el Papa?

Es legítimo tener discrepancias con Francisco en tal o cual afirmación. Por ello, se debe buscar resolver las dudas, con humildad, con paciencia, y sin creerse ya poseedor de la verdad. El camino puede ser lento, pero el fruto sobrenatural será grande. Lo que me parece gravemente imprudente es hacer una declaración pública que cuestiona la autoridad del legítimo sucesor de Pedro y que convoca abiertamente a una actitud de resistencia en la que “cada obispo y sacerdote” deba “defender” una enseñanza distinta a la que nos regala Amoris laetitia, tal y como hace el profesor Spaemann en la entrevista recién publicada.

Bueno, y algo más: este debate se da en el marco del Año de la Misericordia…

Para mí es motivo de una profunda reflexión. Justo en el momento en que Dios nos regala gracias especiales para el perdón, el reencuentro y la comunión existe como una sutil subversión revestida de una aparente “ortodoxia” que busca boicotear aquí y allá el que todos podamos reconocernos pecadores, reconciliarnos y acogernos a la misericordia de Dios. Esto es un misterio.


Por otra parte, respondo a esta entrevista el día 29 de abril, fiesta de Santa Catalina de Siena. Ella en algún momento en el que los cardenales criticaban duramente al Papa Gregorio XI se dirige a él a través de diversas cartas con palabras que tal vez sean hoy oportunas: “Valor, Padre mío. Sed hombre. Os digo que nada tenéis que temer… No seáis un niño tímido. Sed hombre, y tomad como dulce lo que es amargo… Obrad virilmente, que Dios está de vuestra parte. Ocupaos en ello sin ningún temor; y por más que veáis fatigas y tribulaciones, no temáis, confortaos con Cristo, dulce Jesús… Que entre las espinas nace la rosa, y entre muchas persecuciones brota la reforma de la Iglesia”.