martes, 8 de septiembre de 2009

NO ES ABORTO TODO LO QUE RELUCE EN HOLLYWOOD


Una lectora de este blog me ha enviado este artículo que muestra cómo en Hollywood no es aborto todo lo que reluce.


Jim Caviezel: "No amo tanto mi carrera como para permanecer callado ante el aborto"

El actor hace frente al lobby proabortista en Hollywood: "Estoy a favor de ayudar a las mujeres. Pero no veo que el aborto las ayude... Defiendo a todos y cada uno de los niños que no han nacido".

REDACCIÓN HO.- El movimiento provida cobra nueva fuerza en Estados Unidos. Y es que, desde la célebre sentencia Roe vs Wade en 1973, en Estados Unidos han sido eliminados casi 52 millones de niños. Las graves consecuencias del aborto y las medidas que lo fomentan adoptadas por la
Administración Obama, comprometiéndose con el aborto libre y restaurando su financiación internacional y en vez de buscar y apoyar las alternativas en apoyo del no nacido y de la mujer embarazada, son factores que están moviendo a la reflexión y a la rectificación de muchos, cuando no a afianzar valientemente el compromiso personal con la vida en ambientes difíciles. Uno de esos escenarios es la llamada Meca del cine, Hollywood.

El actor estadounidense, muy alabado como interpretaciones como la de su papel de Jesucristo en La Pasión de Mel Gibson, Frequency (2000), Déjà vu (2006) o series como El conde de Montecristo (2002), ha vuelto a mostrar a las claras su compromiso con la vida:

"No amo tanto mi carrera como para permanecer callado ante esto". Así de claro se muestra Jim Caviezel, a punto de cumplir los 41 años, en la entrevista concedida a revista Catholic Digest. El actor norteamericano, nacido en 1968 en Mount Vernon (Washington), se muestra igualmente claro al declarar:
"Estoy a favor de ayudar a las mujeres. Pero no veo que el aborto ayude a las mujeres... Defiendo a todos y cada uno de los niños que no han nacido".

Caviezel ya reveló hace tiempo, en otra entrevista recogida por la agencia LifeSiteNews.com, cómo adoptó junto a su esposa Kerri a dos niños chinos con serias discapacidades. Relató entonces también que decidieron tomar "el camino difícil", venciendo incertidumbres, pero como su matrimonio ha recibido numerosas bendiciones gracias a estos hijos. El actor se animó a revelar este hecho para alentar a las familias a considerar la adopción.

Laicismo
Por otra parte Caviezel es un buen conocedor del poder del lobby laicista en Hollywood: lo padeció en primera persona durante el rodaje y exhibición de La Pasión .

Respecto a su fe, el actor defiende además en la entrevista que un cristiano debe ser coherente con su fe a pesar de los riesgos que ello implique: ·"No tienen ningún valor ir a misa el domingo si no aplicas a tu vida diaria lo que allí aprendes", añade.

viernes, 4 de septiembre de 2009

EN ESPAÑA ESTÁ NACIENDO UNA TERRIBLE RELIGIÓN

Dentro de poco veremos arrancar la Cruz de los lugares públicos de España porque está naciendo una terrible religión, y ante ella no hay libertad, sólo imposición, intolerancia y tiranía: es el laicismo confesional que margina de la vida pública cualquier signo religioso. La serpiente ya está dejando su huevo.

El laicismo es una religión inmisericorde con Dios porque lo arrincona en los arrabales de lo privado… No tiene derecho a circular por la vía pública, es un apestado.

El laicismo es una religión dictatorial que no permite la convivencia normalizada de las religiones que tienen Dios , ¿o sólo es intransigente con la religión cristiana porque sabe que responde al odio con amor?.

El laicismo es una religión destructora del pasado porque no admite las raíces cristianas de un pueblo, de una nación. Y una comunidad humana sin raíces está muerta. El laicismo es una religión asesina que devora lo mejor de un pueblo: la historia, la cultura, la nobleza y la presencia de Dios.
El laicismo es una religión que al escupir sobre la Cruz, Árbol de Vida, manifiesta que no la tolera y por eso fomenta tantas clases de muerte.
El laicismo es una religión que quiere acabar con la Cruz porque no soporta un Amor que se entrega hasta el final, abriendo los brazos para ofrecer siempre el perdón redentor. El laicismo es una religión que odia la Cruz porque muestra al Crucificado.
El laicismo quiere expulsar la Cruz de la vida pública, pero ¿por qué, si sólo Satanás es el único que no puede ni ver, ni soportar la Cruz?.

Te propongo este hermoso poema de León Felipe para reparar tanto desprecio a la Cruz de Cristo.

UNA CRUZ SENCILLA
Hazme una cruz sencilla,
carpintero...
sin añadidos
ni ornamentos...
que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos:
los brazos en abrazo hacia la tierra,
el astil disparándose a los cielos.
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto:
este equilibrio humano
de los dos mandamientos...
sencilla, sencilla...
hazme una cruz sencilla, carpintero.
MSV

jueves, 3 de septiembre de 2009

UNA VOZ LLENA DE LUZ


Me ha dado mucha alegría encontrar en mi correo electrónico este pequeño artículo sobre una ilicitana, amiga mía, que además de cantar bien se toma en serio a Jesucristo. Creo que este texto refleja en parte la labor tan hermosa que ella está realizando. Hay gente que con facilidad destruye. Otras personas, como Olga, construyen.


“No hago música para mí, la hago para Dios”, afirma cantante católica española Olga Martínez
Por Romer Bastardo

Publicado por Equipo Apostolico de Jóvenes on, jueves 27 de agosto de 2009

“Al ver la alegría que producía en las personas que escuchaban mis primeras producciones musicales, me animó a crear más piezas”, expresó Olga Martínez en una entrevista exclusiva concedida a Radio Kerigma Venezuela.

La cantautora española de 30 años de edad es reconocida en su ciudad natal Elche, por su calidad vocal y sensibilidad social. Dedica gran parte de su tiempo a visitar instituciones educativas para llevar valores humano-cristianos a los niños y niñas.

La artista católica lleva a cabo el Proyecto Encántame, una iniciativa que tiene el objetivo de llevarles un mensaje esperanzador a cientos de infantes escolarizados. “Les cuento mi testimonio, les canto, le hablo de la fe y les animo a creer en ellos mismos” acotó Martínez hablando de su experiencia.

En la actualidad Olga Martínez está comprometida con la causa pro-vida y rechaza la violencia de género. El tema “Ella” del CD Despierta a la Vida, es una muestra de ello que presenta una especie de dialogo entre un niño en el vientre materno y su madre.
“No hago directamente música religiosa, produzco temas con valores porque es una manera de llegar a más público. Mi misión es dar “un masajito en el corazón” a tantas personas que lo necesitan”, puntualizó a la estación online.

Entre sus más recientes trabajos tiene la interpretación del Himno de los Mercedarios con Fray Nacho, reconocido religioso dedicado al canto en España.La solista tiene en su haber tres producciones discográficas, “A ti”, “Contigo” y “Despierta a la Vida”, este último compila algunas pistas anteriores y agrega otros inéditos.

Olga Martínez alimenta su relación personal con Jesús en un dialogo abierto, intenta vivir su cita diaria con la eucaristía, una vez al mes recurre a la confesión sacramental y busca hacer con frecuencia ejercicios espirituales.

Abrazó la fe con compromiso apostólico después de haber sido intervenida quirúrgicamente. “Si Dios me dio este talento a El se lo entrego”.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

PREGON DE LAS FIESTAS DE SANTA POLA 2009


Este es el texto íntegro del Pregón que con motivo de las fiestas de Santa Pola dedicadas a su Patrona, la Virgen de Loreto, pronuncié la noche del 31 de Agosto en el Castillo de Santa Pola.


Ilmo. Sr. Alcalde, Sra. Concejal de Fiestas, Miembros de la Corporación Municipal, Patrón Mayor, Autoridades Locales (Guardia Civil y Policía Municipal), querido párroco y amigo D. José, hermanos sacerdotes D. Antonio y D. Juan, Sr. Alcaide del Castillo Fortaleza, Sra. Presidenta de La Asociación Festero Cultural de Moros y Cristianos, Sra. Presidenta de La Unió de Festers, sultanes, capitanes, abanderados y Cargos representativos de la distintas comparsas, D. Manuel Martínez Monera, pregonero de las fiestas 2008, Reina y Damas de nuestras Fiestas Mayores, Reina y Damas de la Tercera Edad, vecinos todos y amigos que esta noche estáis en este recinto del Castillo de Santa Pola. Buenas noches, y gracias por vuestra presencia.

Las fiestas en Santa Pola ya están preparadas. Todo está a punto. Las calles engalanadas. Los cargos festeros nombrados. Y ahora el pregonero os anuncia a todos que va a empezar un tiempo nuevo: tiempo de alegría y diversión; tiempo de dormir poco y de mucho regocijo; tiempo de música, de baile y de plegaria. Porque comenzamos ya las fiestas patronales de este año 2009 en honor a la Virgen de Loreto.

Este año, el Sr. Alcalde y la Corporación Municipal, me han regalado la posibilidad de pregonar nuestras fiestas. Muchas gracias, Sr. Alcalde y querido Ayuntamiento de Santa Pola, por este inmerecido don. Muchas gracias, y a todos os pido perdón de antemano si me cuesta expresar con palabras los mil y un sentimientos que esta noche intentarán salir desde lo más profundo de mi ser sin orden ni concierto, como un torrente que se resiste a ir por un cauce concreto. Es muy difícil tejer un vestido de palabras al amor que sientes por tu pueblo. El vestido siempre se queda corto, porque el amor no deja ni un instante de crecer.

Desde el principio de este pregón quiero tener presente a la Virgen de Loreto. Desde aquí espiritualmente me uno a Ella. Y siento que la Madre me corresponde dándome un fuerte abrazo, rodeándome con las murallas de este querido castillo nuestro.

Para preparar estas palabras he querido pasar tiempo muy cerca de Ella, porque la Virgen conoce perfectamente el alma de este pueblo. Cada día, cada noche, muchos de los que viven aquí pasan ante Ella, y le hablan, y Ella los escucha. Escucha palabras de queja y de súplica. Escucha palabras de alegría y de acción de gracias. Escucha proyectos forjados por la ilusión de unos recién casados, o la buena noticia de que un niño está empezando a formarse dentro de una madre. Escucha los desvelos de unos padres por sacar adelante su familia, y la esperanza que el nuevo puesto de trabajo ha sembrado en el corazón de una joven. La Virgen conoce el alma de nuestro pueblo y, sólo si estamos cerca de Ella, podemos comprender mejor nuestras fiestas, y vivirlas con una desbordante alegría exterior e interior.

Quiero dedicar este pregón a Santa Pola, de un modo muy especial a mi madre, que está aquí presente, y a mi padre, que desde la otra orilla de la vida también me estará contemplando. Ellos me hicieron descubrir mi identidad de cristiano y santapolero.

Santa Pola, pueblo mío, has sido la tierra buena en la que Dios me ha sembrado… Y con el paso del tiempo, poco a poco, me he ido dando cuenta, de que has sido ese manantial fresco y generoso que ha regado –con su alma hecha de personas y tradiciones- mi niñez, mi adolescencia y mi juventud… llenándome de vida y, lo que es mejor, llenando de ilusión mi vida.

Quiero esta noche hablar de ti, Santa Pola, ante estas personas que están aquí presentes. Muchas de ellas te pertenecen de nacimiento, otras por elección, pero todas son tuyas por el afecto que te tienen.

Quiero esta noche hablarte, Santa Pola, y pido a Dios que cada una de las letras de este pregón, cada uno de los silencios y de las emociones de este pregón, se extienda por tus calles, Santa Pola, y atraviesen muros y paredes, para descansar en el corazón de tus gentes, como vitamina espiritual que ilumine la esperanza en los rostros.

Quiero que la Virgen de Loreto, lleve con celeridad, con premura, cada una de las palabras de este pregón, hasta las familias que están heridas por la pérdida de un ser querido, la enfermedad, un conflicto familiar o económico… Y que Ella transforme cada una de mis palabras en bálsamo que cure, en aceite que fortalezca, y en luz que venza la tiniebla del sufrimiento. Me gustaría que cada una de mis palabras y mis silencios fueran destellos de una alegría que transfigure cualquier situación de dolor en gozo de fiesta.

Y a partir de unos minutos, cuando termine este pregón, tus calles y plazas, Santa Pola, se transformarán en rincones de un gran hogar, del gran hogar que eres tú, pueblo mío. Y durante las fiestas todos respiraremos, saborearemos, compartiremos con más intensidad, todo aquello que nos une, todo aquello que nos configura como comunidad, como pueblo: nuestras raíces, nuestra tradiciones y costumbres, hechas de fiesta expansiva y fe; de esa fe que hemos heredado de nuestros mayores, de esa fe que ha llegado hasta nosotros transmitiéndose de generación en generación. Por unos días todos, en Santa Pola, sólo veremos en el otro un hermano, uno que tiene el mismo amor a esta tierra bañada por el Mediterráneo, una tierra rodeada de sol y mar, de sal y de sierra…


Los seres humanos necesitamos hacer fiesta. Es verdad que lo cotidiano es importante. Es verdad que la fidelidad a nuestros compromisos diarios es importante. Es verdad que para un creyente, cada instante de su vida diaria, tiene entrañas de eternidad. Es verdad que la vida de todos los días es importante. Pero a veces necesitamos también dejar a un lado, por unos días, lo ordinario, lo cotidiano, lo corriente, y hacer fiesta. Necesitamos la fiesta para volver a recordar que nuestro destino, nuestra meta es poseer una alegría que no tendrá fin. Porque hemos nacido para la alegría eterna.

A punto de estrenar las fiestas de este año, estamos abriendo los ojos de par en par para llenarnos de la alegría del color de las calles engalanadas, de los vistosos trajes de los moros y cristianos, de las comparsas y carrozas que desfilarán el día 6, y de las flores que serán ofrecidas a la Virgen el día 7.

Queremos tener los ojos abiertos a la alegría de la luz que llegará hasta nosotros, de mil formas, en las noches de los fuegos artificiales, y en esas velas que alumbrarán en la procesión la imagen pequeñita de nuestra Patrona.

Queremos tener muy abiertos los oídos para que el sonido de la alegría inunde nuestra alma y la haga emocionar: sonidos de marchas y motetes, sonidos de serenatas a la Virgen y de verbena. Sonidos de cohetes y mascletá. Sonidos de saludos y parabienes. Sonidos de voces amigas y de otras que empezarán a serlo.

En estas fiestas queremos tener los sentidos del gusto y del olfato bien abiertos para que, compartiendo alegremente la mesa con los amigos, estrechemos con más fuerza los lazos que nos unen. Porque nuestras fiestas no se entienden sin los placeres culinarios compartidos con los que amamos: las tapas, “putxero amb tarongetes”, los helados, y el olor a gofre y a pólvora.

Y también queremos tener despierto el sentido del tacto para no ser insensibles ante los sentimientos de los demás, y saber alegrarnos con los que están alegres. Y saber corresponder con afecto a las muestras de cariño que los otros nos brindan. Porque nuestras fiestas son fiestas de abrazos y besos.

El ser humano necesita la fiesta para volver a recordar que ha nacido para la alegría interminable.

Pero fijaos, la alegría nos parece que viene de fuera (luz, sonido, sabor, olor, tacto), pero esto no es totalmente cierto. En el fondo hacemos fiesta porque nos sentimos amados. Hacemos fiesta porque, por dentro, somos conscientes de que alguien nos quiere de un modo incondicional, para siempre, en toda circunstancia, en toda situación, en todo momento.

Podemos hacer fiesta porque nos sentimos amados. Por eso, la alegría de la fiesta esencialmente no viene del exterior –el exterior nos ayuda- sino del interior, de nuestro corazón. De sentirnos queridos.

Y fácilmente comprendemos que esta es la razón por la que, en estos días vienen a nuestra mente, y a nuestro corazón, esas personas que nos han querido intensamente, pero que ya no están sensiblemente entre nosotros. En estos días recordamos, con cariño, a familiares nuestros, amigos nuestros, que ya nos dejaron, o sencillamente están lejos, y este año no pueden compartir las fiestas con nosotros.

Hacer fiesta es expresar exteriormente el gozo interior por sentirnos amados. Pero los únicos que nos aman de un modo absoluto, sin condiciones y para siempre son Dios, y también su Madre, la Virgen de Loreto. Por este motivo el elemento religioso, trascendente, es imprescindible para que la alegría de la fiesta sea completa… Podemos decir que lo religioso penetra cada uno de los demás elementos –lo cultural y lo lúdico- y los reviste de una profundidad mayor.

Pero ¿por qué nos gustan tanto nuestras fiestas?. ¿Por qué estamos a gusto en ellas?. Encontraremos múltiples motivos, pero uno de ellos, tal vez el más importante, es porque estas fiestas nos han acompañado desde nuestra niñez. Han crecido con nosotros dejando en nuestra vida su huella indeleble. Quisiera que todos los que estamos aquí hiciéramos ahora un esfuerzo por recordar… ¿Desde cuando eres consciente de vivir las fiestas? ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de estos días?. Quiero ayudaros a evocar ese instante compartiendo brevemente con vosotros los primeros recuerdos que tengo de estas fiestas.

Hasta los 10 años, tu eras mi mundo, Santa Pola.

En mi infancia la tierra tenía para mí, los límites que a ti te envolvían. Lo más alto, el Calvario y el depósito del agua. Lo más lejano, el barranco de Catarra y los ingenieros, y Playa Lissa. Tus calles eran mi zona de juegos, muchas de ellas sin asfaltar, donde los niños forjábamos con un palo y mucha imaginación un sin fin de aventuras, traduciendo a nuestro lenguaje y a nuestros medios la última película de romanos o del oeste que habíamos visto el domingo en el Chapí. Tus calles, Santa Pola, eran el escenario de nuestras carreras, de nuestro ir tras el balón, despreocupados, porque los coches en los 60 todavía no amenazaban nuestros juegos callejeros. Hasta los 10 años, Santa Pola, fuiste mi único mundo.
Un mundo que se acababa en el mar… Ese mar que en verano era nuestro amigo, nuestro cómplice, un compañero más que compartía con nosotros lo mejor que tenía dentro, la posibilidad de forjar nuevas aventuras. Tu mar, Santa Pola, nos ofrecía alicientes nuevos para seguir inventando historias de barcos y naufragios, de piratas y corsarios, siempre bajo la atenta mirada de la madre o la hermana mayor que vigilaba nuestra lejanía de la playa. Ese mar que en verano era nuestro amigo, en invierno se volvía serio y, aliado con el clima y tus costumbres, Santa Pola, mantenía con nosotros sus distancias, hasta que a finales de mayo o principios de junio, de nuevo, nos llamaba para seguir esparciendo en él la alegría de nuestra niñez.

Hasta los 10 años, Santa Pola, fuiste mi único mundo. Y durante esos años te metiste para siempre tan dentro de mí que allí donde he estado y he vivido después, he seguido viendo tus calles; he seguido notando la brisa de tus noches frescas y, sobre todo, he seguido viendo los rostros de todos aquellos que inseparablemente me unieron a ti.

Hasta los 10 años, Santa Pola, fuiste mi único mundo. Y los niños notábamos que se acercaban las fiestas patronales porque dos acontecimientos introducían una novedad en lo cotidiano del verano: uno trivial y otro significativo e importante.

El acontecimiento trivial: las calles principales se llenaban de bombillas, y nos gustaba que esas nuevas luces, pequeñitas pero numerosas, vencieran unidas a las solemnes farolas que durante las cuatro estaciones alumbraban las calles de nuestros juegos. Las nuevas luces anunciaban nuevos días: los días de la “vaca”, días de carreras de cintas, días de gymkhana en la glorieta donde todos reíamos las pruebas más insólitas que tenían que sufrir los concursantes; días de comidas especiales y de helados de nuevos sabores y un poco más caros; tardes de marionetas donde todos los niños, a una sola voz, avisábamos al bueno de la amenazante cercanía del malo, que quería zurrarle a palos; tardes de carrozas, ofrenda y procesión; noches de cohetes y música; días de mascletá, de más Glorieta, más muelle y más castillo. El adorno de las luces nos evocaba a nosotros, los niños, todas esas novedades que los próximos días traerían consigo, como siempre, como cada año.

El otro acontecimiento, más trascendental, más importante, constituía para muchos de los niños el pregonero real de tus fiestas, Santa Pola: el anuncio de la llegada del padre pescador. Después de 6 ó 9 meses faenando en el mar, “en los calamares” oíamos decir a la madre, el padre se iba acercando ya a Santa Pola. En Navidad no siempre los pescadores venían a casa, pero sí lo hacían en las fiestas patronales. Sólo una fuerza mayor (algún problema en el motor o en las redes, o una pesca muy escasa) podía impedir esta cita de los pescadores con su Patrona. Si durante las fiestas paseabas por el puerto, podías ver en él a casi todas las embarcaciones de Santa Pola. Y entonces sentías el orgullo de pertenecer a un pueblo que tiene una de las flotas pesqueras más importantes del Mediterráneo –si no es la más importante-, y también sabías que en las casas de muchos de tus amigos las fiestas de ese año iban a ser realmente fiestas. El padre estaba llegando del mar.

En casa del pescador se vivía esta espera con cierto nerviosismo: parecía que todo estaba preparado, pero siempre faltaba algo por hacer para que los que venían de la mar se encontraran a gusto. La madre intentaba arreglar la casa con más detalle. Durante semanas había estado confeccionando su vestido para las fiestas. También había estado preparando los nuestros, porque dentro de poco el centro de gravedad se desplazaba a otro lugar. Los hijos nos dábamos cuenta perfectamente de esto. Dejábamos de ser el foco de sus preocupaciones, y éste era ocupado plenamente por el marido que regresaba. De vez en cuando, cuando las travesuras y las riñas entre hermanos eran frecuentes, un “preparevos. Su diré al papá cuan vinga…” nos frenaba un poco, aunque sabíamos por experiencia que cuando el padre llegaba nunca le decía nada.

La llegada del padre al puerto era lo que realmente introducía las fiestas en un hogar de pescadores. Durante la espera, los hijos forjábamos en la mente mil temas para hablar con el padre, pero cuando lo veíamos saltar a tierra, todo lo preparado se caía al mar. Cuando uno es pequeño y hace tiempo que no ha visto a su padre, cualquier adorno nuevo, cualquier detalle añadido que el padre tuviera en el rostro, dificultaba su identificación: una barba de varias semanas, un pelo más largo o más corto de lo normal, un poco más de grasa en la cara como consecuencia de algún percance en la sala de motores, o una ropa de faena excesivamente gastada…. todo se confabulaba en contra de la memoria: no era así como recordábamos a nuestro padre. Pero al saltar al muelle y contemplar cómo besaba con fuerza a la madre, y al sentir su cariño al abrazarnos, éramos conscientes de que, en medio de lo accidental, la esencia del padre estaba allí: su ternura, su preocupación por nuestras cosas, su mirada gratificante, la alegría que experimentaba al ver nuestros progresos… todo esto era sus auténticas señas de identidad. Nos hacía mil preguntas sobre nuestra vida: cómo nos portábamos en casa, si ayudábamos, cómo íbamos en el trabajo o en el estudio, si habían ya empezado las fiestas… El camino del puerto a casa se configuraba como una tertulia itinerante donde con más desorden que concierto, los temas de la familia y del pueblo se iban hilvanando, interrumpidos frecuentemente por los cruces de saludos y abrazos de los amigos con los que nos encontrábamos en el trayecto. Hasta que llegábamos a la Glorieta y al Castillo… que eran como el corazón del pueblo… Entonces el padre notaba ya que estábamos en fiestas…

Recuerdo mis tardes con mi padre viendo la vaca desde la muralla del Castillo. Una muralla repleta de gente que gritaba, se reía o sencillamente aplaudía. Recuerdo las noches en la terraza de casa, con toda mi familia, viendo cómo se llenaba el oscuro cielo de mil colores de artificio que al instante desaparecían. Recuerdo la procesión de la Virgen… y mucha gente alumbrando… y muchos amigos míos con sus padres pescadores acompañando a la Virgen de Loreto. Hombres forjados en mil mareas, en esos momentos, con los ojos llenos de niñez, contemplaban con sus hijos, la imagen de la Patrona.

Muchos amigos míos, con sus padres pescadores, alumbraban a la Virgen. Y quiero tener un recuerdo especial para ellos, para mis amigos de juegos infantiles, para mis amigos que compartieron conmigo pupitres y patios del “Virgen de Loreto”. De gran parte de ellos me separé a los 10 años cuando me fui al Instituto de la Asunción de Elche…Y quiero recordarlos porque algunos, los más frágiles y los más inocentes, nos dejaron en la década de los 70 y 80, cuando unos políticos, jugando a aprendices de brujo, lanzaron el grito de “¡legalicemos las drogas blandas!”… y aquellos jóvenes santapoleros fueron heridos por el mal… Y durante años Santa Pola lloró a sus hijos… Y durante años familias enteras vivieron las fiestas transidas de dolor. Tenía miedo de llegar a este punto del pregón… porque el pregón se confecciona para abrirnos a la alegría, pero tenía claro desde el principio que quería recordar a estos amigos míos que ya no están… y que compartieron tantas fiestas conmigo. Tenía miedo de llegar a este momento, pero era necesario recordarlos en un ambiente como este, ante la Patrona, las autoridades y todos vosotros… para que el recuerdo se convierta en plegaria, y las fiestas nos abran a todos: a los que están ahora y a los que estuvieron entonces.

Ofrezcamos por aquellos jóvenes las fiestas de este año. Que todos los instantes de alegría y de gozo, de jolgorio y charanga, de ofrenda y procesión, sean para que ellos estén haciendo fiesta en la casa del Padre, contemplando el rostro materno de la Virgen de Loreto. Que este año las fiestas sean más fiestas. Que este año la alegría sea más alegre. Que este año los abrazos nos abracen con más fuerza, porque queremos que ésta sea nuestra ofrenda a aquellos que se fueron de nuestro pueblo siendo todavía jóvenes…, muy jóvenes.

A partir de los 10 años mi mundo se hizo más grande. Elche amplió mi mente y mis sentimientos. La adolescencia y la juventud me hicieron conocer aspectos de las fiestas que en la niñez pasaban desapercibidos: las verbenas con cantantes famosos, los primeros cubalibres, el regresar más tarde a casa…y una súplica a la Virgen el día de su fiesta: que ante el futuro que tenía delante, me mostrara qué camino debía tomar en la vida.

Con el tiempo la senda se fue dibujando, y los rayos de la vocación sacerdotal disiparon la neblina de las dudas e incertidumbres. Y en las fiestas del 77, con la ofrenda de una mirada, encomendé a la Virgen la aventura que dentro de unas semanas comenzaría en el Seminario de Orihuela.

Ya veis cómo las fiestas de Santa Pola han inundado de luz mi vida. Estas fiestas que hoy estrenamos encierran siempre tesoros que, sólo con la perspectiva del tiempo, se revelarán en toda su riqueza.

Las fiestas de nuestro pueblo han ido mejorando a lo largo de su historia. Cada año introduce novedades que perfeccionan lo anterior. El libro de fiestas de este año es una prueba de ello. Pero la esencia de la fiesta no cambia, siempre es la misma: un pueblo que, consciente de su identidad, durante unos días bebe con avidez en el manantial que la ha dado la vida: sus raíces, sus tradiciones y su fe.

Y ya termino. Y quiero hacerlo con la fórmula clásica. “Por orden del señor Alcalde, se hace saber a todos los habitantes de este pueblo que las fiestas patronales dedicadas a la Virgen de Loreto empiezan hoy. Que todos los que en estos próximos días vivamos en Santa Pola saquemos a nuestras calles lo mejor que tenemos dentro. Que aparquemos durante las fiestas odios y rencores, divisiones ideológicas y políticas, para compartir nuestro amor a la Virgen y al pueblo de Santa Pola. Y si es posible, que todo lo que aparquemos lo olvidemos para siempre, y así todos los días del año serán reflejo de la alegría y gozo de estas fiestas. A aquellos que no estén dispuestos a alegrar la vida de los demás, que se les ponga una multa, o mejor, que se les penalice con un “dejarse querer” por los que vamos a vivir intensamente las fiestas”.

Os deseo a todos unas felices fiestas patronales. ¡Viva la Virgen de Loreto!. ¡Viva Santa Pola!

jueves, 19 de marzo de 2009

BENEDICTO XVI, AFRICA Y EL SIDA

De nuevo se han rasgado las vestiduras los heraldos del pensamiento único, políticamente correcto. El Papa ha recordado que, ante el problema tan grave de sida que padece la población africana, el uso del preservativo no solo no lo soluciona, sino que existe el riesgo de incrementarlo.

El Papa, después de señalar la acción solidaria y concreta de la Iglesia en la lucha contra el sida, indica el doble camino para encontrar una solución ante esta terrible enfemedad: 1) Humanizar la sexualidad a través de una renovación espiritual que lleve a tratar con justicia el propio cuerpo y el ajeno, y 2) Cultivar un auténtico amor que sea capaz de sacrificio y fidelidad por estar cerca del que sufre.


Muchos medios de comunicación han sacado de contexto las palabras de Benedicto XVI y han empezado a "jugar" al desprestigio. He creído conveniente presentar en este blog la respuesta exacta que el Papa dio a la pegunta de una periodista francesa que, en el vuelo de Roma a Yaundé, le planteó la postura de la Iglesia sobre el modo de lucha contra el sida que “considera a menudo no realista ni eficaz”.


El Papa respondió lo siguiente : "Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos... Diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema.


La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humano que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante. Agradecemos a todos los que lo hacen".

martes, 17 de marzo de 2009

EL DECÁLOGO DE VIDA CRISTIANA QUE OFRECE REBECA

D. Rafael Palmero, Obispo de Orihuela-Alicante, presidió el sábado 14 de Marzo, en Granja de Rocamora, la apertura del proceso de canonización de la joven Rebeca Rocamora Nadal, catequista parroquial que a los 20 años moría después de afrontar la enfermedad y la proximidad de la muerte con una aceptación absoluta y alegre de la voluntad de Dios.

El Señor Obispo resume en 10 puntos las lecciones de vida cristiano que ofrece esta joven catequista.

1. “Lo importante es el Señor”. Lo dijo Rebeca el día de su Primera Comunión. Más importante para ella que estrenar un vestido comprado era lo que recibía en la Eucaristía. Su traje sencillo había sido tejido a punto por su madre…


2. “No pierdas nunca esa sonrisa”, frase del Párroco a Rebeca, en esa fecha memorable de su Primera Comunión.


3. “Fidelidad a los mandamientos y cumplimiento de los mismos, dando así testimonio de fe y amor”. Así reza un autógrafo suyo en el libro de catequesis que utilizaba.


4. “Quiero ser catequista de los pequeñines”. Su madre pedía al Señor para ella la gracia de la vocación religiosa; Rebeca, en cambio, se sentía catequista de la Parroquia de Granja.


5. “No pasa nada, todo se andará”. Palabras con que la hija animaba a su padre, preocupado a su lado por la enfermedad que padecía.


6. “Pido al Señor que aumente mi fe”. Jaculatoria con que recordaba a su madre que el Señor sabía muy bien qué le convenía más, si la salud o la enfermedad.


7. “La fe en la Santa Cruz es mi fuerza”. Tenía en ese momento Rebeca en sus manos la reliquia del Lignum Crucis de la Parroquia, que le acompañó en su tránsito al cielo.


8. “Doctor, quiero que me diga qué es lo que tengo…, quiero saberlo para sufrir con mi madre”. De pequeña, en su primera enfermedad, de la que se recuperó por intercesión de la Virgen Santa María, no llegó a enterarse de todo y veía que el sufrimiento pesaba sobre la madre.


9. “Me voy al cielo, y poco a poco me llevaré a los que quiero”. Frase pronunciada en el Hospital de Madrid, donde vivió más pendiente, durante su larga estancia en él, de los enfermos y familiares, de los médicos y enfermeras que le atendían, que de sí misma.


10. “Alabaré, alabaré…” Canto que solicitaba y coreaba, uno y otro día, en los últimos meses de cruz y de luz de esta luminosa sonrisa.

LA SEPARACION MATRIMONIAL


Nos estamos acostumbrando a ver como muchas parejas, que se casaron por la Iglesia hace algunos años, se han separado ya. A veces pienso que algunas han tenido motivos serios para hacerlo, pero otras tal vez no, pero... se han separado. ¿Cualquier motivo puede justificar la separación de los esposos?. ¿Qué causas suficientemente graves considera la Iglesia para que cónyuges cristianos se separen?.

Desde el punto de vista legal, puede ser suficiente el mutuo acuerdo de los cónyuges para su separación, pero moralmente debe haber una causa justificada grave para hacerlo, porque el vínculo matrimonial, que ellos han asumido libremente el día de su matrimonio, lleva consigo el deber y el derecho de mantener entre ellos la convivencia conyugal. Pero el deber de vivir juntos desaparece cuando uno de los cónyuges es causa de que exista peligro real para la integridad del otro cónyuge o de sus hijos. A veces, incluso, no vivir juntos puede llegar a ser un deber. Sin embargo, siempre ha de haber razones proporcionadas de gravedad para suspender la convivencia matrimonial.

La Iglesia acepta la separación de los esposos cuando se ha creado entre ellos una situación tan difícil que hace prácticamente imposible la convivencia. La Iglesia recomienda, siempre que sea posible, agotar todos los esfuerzos para encontrar una solución a esa situación, sin necesidad de recurrir a la separación conyugal, abriendo la posibilidad de una reconciliación matrimonial. Pero si al final de todo el proceso se diera la separación física de los esposos y el fin de la convivencia matrimonial, los cónyuges separados seguirán siendo marido y mujer, y no podrán contraer otro matrimonio.

La Iglesia considera “causas legítimas” de separación todas aquellas situaciones reales que lesionan gravemente los principios que fundamentan la vida matrimonial. En concreto en el Código de Derecho Canónico se enumeran las siguientes causas:
a) El adulterio, porque atenta contra el deber que tienen los esposos de guardarse mutua fidelidad. El cónyuge que sufre la infidelidad, es decir, el cónyuge inocente, tiene derecho a separarse, aunque se recomienda que si el cónyuge adúltero manifiesta arrepentimiento sincero, no le niegue el perdón ni suspenda la convivencia matrimonial. Pero el cónyuge inocente está en su derecho de tomar la decisión que crea más oportuna.
b) Otra causa de separación es la existencia de un grave daño, corporal o espiritual, para el otro cónyuge o para los hijos, o cuando uno de los cónyuges hace demasiado difícil la vida en común. Estas situaciones atentan contra el perfeccionamiento mutuo al que deben tender los esposos en el matrimonio, y contra el deber de dar la debida protección y atención a los hijos.
En algunos casos, esta causa de separación es temporal porque se mantiene mientras dura la situación que la ha provocado. Cuando esta causa desaparece, debe restablecerse la convivencia, a no ser que la autoridad eclesiástica competente determine otra cosa. Es necesario precisar que para que se dé la separación en este caso, uno de los cónyuges debe ser culpable realmente de la causa que provoca el grave daño para la convivencia familiar. Si se trata de una situación difícil que afecta a la vida familiar, pero ninguno de los cónyuges es culpable de ella, puede ser ésta una ocasión que tienen los esposos de manifestar su profundo amor por su matrimonio y por su familia, ayudándose mutuamente y manteniéndose unidos en unas circunstancias tan adversas.

No debe considerarse propiamente separación el hecho de que los esposos, por consentimiento mutuo, decidan no cohabitar durante un tiempo o perpetuamente, motivado por la existencia de unas razones suficientemente graves que lo aconsejen, como puede ser el padecer una enfermedad gravemente contagiosa por parte de uno de los cónyuges, o por tener un comportamiento agresivo causado por una enfermedad mental, etc.


(Para profundizar sobre el tema: Catecismo de la Iglesia Católica n. 1649; Código Derecho Canónico, nn. 1151-1155; Juan Pablo II, Exhort. Familiaris Consortio n. 83)

jueves, 12 de marzo de 2009

EL FUTURO QUE LA NUEVA LEY DEL ABORTO TRAERÁ


La viñeta de Martínmorales en ABC nos muestra, con el ingenio que le caracteriza, la anormal normalidad que introducirá en las familias la próxima ley del aborto que se quiere aprobar. Los adolescentes combinarán sus estudios, su música y e-mails, con abortos rápidos, que dejarán grabada para siempre, en las entrañas de su alma y de su cuerpo, su secuela de muerte y destrucción. El mundo de muchos jóvenes quedará impregnado del olor de un crimen abominable que les acompañará en todo momento.

miércoles, 11 de marzo de 2009

¡EL GOBIERNO HA ENCONTRADO LA SOLUCIÓN A LA CRISIS!: SUPRIMIR VIDAS HUMANAS QUE ESTÁN ESPERANDO NACER


El proyecto de la nueva ley del aborto amenaza con incrementar considerablemente el número de muertes de niños ya concebidos. Si esta ley se aprueba, España se convertirá en un gran horno crematorio: el holocausto volverá a alcanzar dimensiones inimaginables y, además, con la complicidad de gran parte de una sociedad aletargada, dormida, insensible ante la muerte de seres humanos indefensos.

Pero todo no es silencio. Hay voces que se alzan ante tanta barbarie que se avecina. Una de ellas es la de Alfonso López Quintás, Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. He querido compartir con vosotros este escrito suyo que apareció el sábado, 7 de Marzo, en ABC


NO LO COMPRENDO

Yo puedo comprender muchas cosas. Comprendo que una persona, por haber carecido de posibilidades, no tenga idea de lo admirable que es la vida. Comprendo que una persona no haya podido cultivar su sensibilidad y no distinga la más bella música de un simple ruido. Lo que no puedo comprender es que personas que han tenido el privilegio de cursar estudios, incluso superiores, sean incapaces de advertir que la vida humana, desde que se inicia, nos maravilla por su complejidad, su potencia creadora, su capacidad de configurar en poco tiempo un organismo que cientos de generaciones bien dotadas todavía no han logrado descifrar totalmente.

Si me dicen que son capaces de ello, entonces no acierto a comprender cómo se atreven a enfrentarse al poder maravilloso que dirige ese proceso que va organizando la vida de alguien que va a moverse, hablar, sentir, querer, hacer felices a otros, abrigar anhelos sin límite... Conocemos arquitectos que diseñan edificios admirables, y constructores que, piedra a piedra, los van alzando ante nosotros. ¿Alguien me puede revelar la existencia de un edificio que se haya edificado a sí mismo, creando desde un núcleo inicial los materiales necesarios para cada una de las partes y ordenándolos de forma armónica y eficiente? No lo hay; es pura ciencia-ficción. Pues el más humilde ser humano supera con mucho dicha ficción. El ser humano, tras desarrollarse mediante la información contenida en los genes, se abre a dimensiones infinitas. Pensémoslo durante unos minutos y nos espantará ver que seres humanos, vecinos nuestros, se arrogan el derecho de quebrar de raíz el «milagro de la vida humana» con fines suciamente lucrativos o miserablemente electorales.

Yo puedo comprender muchas cosas. Pero esto, no. Durante siglos, la Humanidad se esforzó por lograr una actitud de respeto incondicional a la vida humana. Y lo consiguió en buena medida. Pero ahora, la barbarie del aborto nos devuelve a las épocas menos desarrolladas en cuanto a moralidad o, sencillamente, a sentido humanitario. La nueva ley que nos amenaza con permitir el aborto libre —sin más motivación que el capricho individual— va a causar un bochorno insoportable a quienes no hayan perdido del todo la capacidad de pensar y de sentir. Se sentirán a disgusto en una sociedad tan degradada. Como miembros de la misma, se verán descalificados como personas si no lo delatan a gritos. Y se considerarán envilecidos, exiliados del ámbito de la cultura. No de la civilización, pero sí de la cultura.

Los responsables de tal ley pueden estar seguros de que, en este momento, las palabras más duras del diccionario afluyen, de por sí, a los puntos de mi pluma. Sólo les voy a decir la más contundente, a mi entender: «¡Son ustedes radicalmente injustos!». Tergiversan el orden de las cosas, alteran la escala de valores, aplican el poder que les han dado a vulnerar —sin más razón que su interés— el derecho a nacer de multitud de futuros españoles y a herir la sensibilidad de millones de compatriotas. Pero han de saber que todo ataque a la realidad no queda impune, pues la realidad acaba vengándose. Lo malo es que esta venganza nos afectará a todos. Es la tragedia de la política cuando se corrompe y se reduce a moneda ideológica falsa.

martes, 10 de marzo de 2009

UN VIAJE QUE OS RECOMIENDO: LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES

El sábado pasado terminé los Ejercicios Espirituales de este curso 2008-09. Han sido unos días intensos de oración donde el discípulo se abre, ayudado por la fuerza del Espíritu, a la acción de Dios que viene a renovar nuestro corazón para hacernos más de Cristo.

En estos días he vuelto a vivir, en primera persona, aquella escena del Evangelio en la que los Apóstoles, después de una actividad evangelizadora intensa, vuelven a reunirse con el Señor. El les dijo: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. Se fueron en una barca a un lugar apartado ellos solos” (Mc 6, 31).


Necesitaba alejarme existencialmente –y también físicamente- del ajetreo diario para descansar en el Señor, y recibir de El la luz y la fuerza que me ayudaran a reorientar mi vida interior, en una mayor fidelidad y generosidad a los designios de Dios sobre mí.


A todos los que entráis en este blogg, os recomiendo vivamente este viaje interior en el que siempre nos encontramos con el que es el Camino, la Verdad y la Vida. Es un viaje que realmente nos descansa, porque sin El todo se vuelve difícil, angosto y estéril.

Si hace tiempo que no habéis realizado esta “excursión”, no tengáis miedo y ¡hacedla!. Notaréis cómo os crecen alas en el alma para poder amar diligentemente con el mismo amor de Cristo.