jueves, 19 de marzo de 2009

BENEDICTO XVI, AFRICA Y EL SIDA

De nuevo se han rasgado las vestiduras los heraldos del pensamiento único, políticamente correcto. El Papa ha recordado que, ante el problema tan grave de sida que padece la población africana, el uso del preservativo no solo no lo soluciona, sino que existe el riesgo de incrementarlo.

El Papa, después de señalar la acción solidaria y concreta de la Iglesia en la lucha contra el sida, indica el doble camino para encontrar una solución ante esta terrible enfemedad: 1) Humanizar la sexualidad a través de una renovación espiritual que lleve a tratar con justicia el propio cuerpo y el ajeno, y 2) Cultivar un auténtico amor que sea capaz de sacrificio y fidelidad por estar cerca del que sufre.


Muchos medios de comunicación han sacado de contexto las palabras de Benedicto XVI y han empezado a "jugar" al desprestigio. He creído conveniente presentar en este blog la respuesta exacta que el Papa dio a la pegunta de una periodista francesa que, en el vuelo de Roma a Yaundé, le planteó la postura de la Iglesia sobre el modo de lucha contra el sida que “considera a menudo no realista ni eficaz”.


El Papa respondió lo siguiente : "Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos... Diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema.


La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humano que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante. Agradecemos a todos los que lo hacen".

martes, 17 de marzo de 2009

EL DECÁLOGO DE VIDA CRISTIANA QUE OFRECE REBECA

D. Rafael Palmero, Obispo de Orihuela-Alicante, presidió el sábado 14 de Marzo, en Granja de Rocamora, la apertura del proceso de canonización de la joven Rebeca Rocamora Nadal, catequista parroquial que a los 20 años moría después de afrontar la enfermedad y la proximidad de la muerte con una aceptación absoluta y alegre de la voluntad de Dios.

El Señor Obispo resume en 10 puntos las lecciones de vida cristiano que ofrece esta joven catequista.

1. “Lo importante es el Señor”. Lo dijo Rebeca el día de su Primera Comunión. Más importante para ella que estrenar un vestido comprado era lo que recibía en la Eucaristía. Su traje sencillo había sido tejido a punto por su madre…


2. “No pierdas nunca esa sonrisa”, frase del Párroco a Rebeca, en esa fecha memorable de su Primera Comunión.


3. “Fidelidad a los mandamientos y cumplimiento de los mismos, dando así testimonio de fe y amor”. Así reza un autógrafo suyo en el libro de catequesis que utilizaba.


4. “Quiero ser catequista de los pequeñines”. Su madre pedía al Señor para ella la gracia de la vocación religiosa; Rebeca, en cambio, se sentía catequista de la Parroquia de Granja.


5. “No pasa nada, todo se andará”. Palabras con que la hija animaba a su padre, preocupado a su lado por la enfermedad que padecía.


6. “Pido al Señor que aumente mi fe”. Jaculatoria con que recordaba a su madre que el Señor sabía muy bien qué le convenía más, si la salud o la enfermedad.


7. “La fe en la Santa Cruz es mi fuerza”. Tenía en ese momento Rebeca en sus manos la reliquia del Lignum Crucis de la Parroquia, que le acompañó en su tránsito al cielo.


8. “Doctor, quiero que me diga qué es lo que tengo…, quiero saberlo para sufrir con mi madre”. De pequeña, en su primera enfermedad, de la que se recuperó por intercesión de la Virgen Santa María, no llegó a enterarse de todo y veía que el sufrimiento pesaba sobre la madre.


9. “Me voy al cielo, y poco a poco me llevaré a los que quiero”. Frase pronunciada en el Hospital de Madrid, donde vivió más pendiente, durante su larga estancia en él, de los enfermos y familiares, de los médicos y enfermeras que le atendían, que de sí misma.


10. “Alabaré, alabaré…” Canto que solicitaba y coreaba, uno y otro día, en los últimos meses de cruz y de luz de esta luminosa sonrisa.

LA SEPARACION MATRIMONIAL


Nos estamos acostumbrando a ver como muchas parejas, que se casaron por la Iglesia hace algunos años, se han separado ya. A veces pienso que algunas han tenido motivos serios para hacerlo, pero otras tal vez no, pero... se han separado. ¿Cualquier motivo puede justificar la separación de los esposos?. ¿Qué causas suficientemente graves considera la Iglesia para que cónyuges cristianos se separen?.

Desde el punto de vista legal, puede ser suficiente el mutuo acuerdo de los cónyuges para su separación, pero moralmente debe haber una causa justificada grave para hacerlo, porque el vínculo matrimonial, que ellos han asumido libremente el día de su matrimonio, lleva consigo el deber y el derecho de mantener entre ellos la convivencia conyugal. Pero el deber de vivir juntos desaparece cuando uno de los cónyuges es causa de que exista peligro real para la integridad del otro cónyuge o de sus hijos. A veces, incluso, no vivir juntos puede llegar a ser un deber. Sin embargo, siempre ha de haber razones proporcionadas de gravedad para suspender la convivencia matrimonial.

La Iglesia acepta la separación de los esposos cuando se ha creado entre ellos una situación tan difícil que hace prácticamente imposible la convivencia. La Iglesia recomienda, siempre que sea posible, agotar todos los esfuerzos para encontrar una solución a esa situación, sin necesidad de recurrir a la separación conyugal, abriendo la posibilidad de una reconciliación matrimonial. Pero si al final de todo el proceso se diera la separación física de los esposos y el fin de la convivencia matrimonial, los cónyuges separados seguirán siendo marido y mujer, y no podrán contraer otro matrimonio.

La Iglesia considera “causas legítimas” de separación todas aquellas situaciones reales que lesionan gravemente los principios que fundamentan la vida matrimonial. En concreto en el Código de Derecho Canónico se enumeran las siguientes causas:
a) El adulterio, porque atenta contra el deber que tienen los esposos de guardarse mutua fidelidad. El cónyuge que sufre la infidelidad, es decir, el cónyuge inocente, tiene derecho a separarse, aunque se recomienda que si el cónyuge adúltero manifiesta arrepentimiento sincero, no le niegue el perdón ni suspenda la convivencia matrimonial. Pero el cónyuge inocente está en su derecho de tomar la decisión que crea más oportuna.
b) Otra causa de separación es la existencia de un grave daño, corporal o espiritual, para el otro cónyuge o para los hijos, o cuando uno de los cónyuges hace demasiado difícil la vida en común. Estas situaciones atentan contra el perfeccionamiento mutuo al que deben tender los esposos en el matrimonio, y contra el deber de dar la debida protección y atención a los hijos.
En algunos casos, esta causa de separación es temporal porque se mantiene mientras dura la situación que la ha provocado. Cuando esta causa desaparece, debe restablecerse la convivencia, a no ser que la autoridad eclesiástica competente determine otra cosa. Es necesario precisar que para que se dé la separación en este caso, uno de los cónyuges debe ser culpable realmente de la causa que provoca el grave daño para la convivencia familiar. Si se trata de una situación difícil que afecta a la vida familiar, pero ninguno de los cónyuges es culpable de ella, puede ser ésta una ocasión que tienen los esposos de manifestar su profundo amor por su matrimonio y por su familia, ayudándose mutuamente y manteniéndose unidos en unas circunstancias tan adversas.

No debe considerarse propiamente separación el hecho de que los esposos, por consentimiento mutuo, decidan no cohabitar durante un tiempo o perpetuamente, motivado por la existencia de unas razones suficientemente graves que lo aconsejen, como puede ser el padecer una enfermedad gravemente contagiosa por parte de uno de los cónyuges, o por tener un comportamiento agresivo causado por una enfermedad mental, etc.


(Para profundizar sobre el tema: Catecismo de la Iglesia Católica n. 1649; Código Derecho Canónico, nn. 1151-1155; Juan Pablo II, Exhort. Familiaris Consortio n. 83)

jueves, 12 de marzo de 2009

EL FUTURO QUE LA NUEVA LEY DEL ABORTO TRAERÁ


La viñeta de Martínmorales en ABC nos muestra, con el ingenio que le caracteriza, la anormal normalidad que introducirá en las familias la próxima ley del aborto que se quiere aprobar. Los adolescentes combinarán sus estudios, su música y e-mails, con abortos rápidos, que dejarán grabada para siempre, en las entrañas de su alma y de su cuerpo, su secuela de muerte y destrucción. El mundo de muchos jóvenes quedará impregnado del olor de un crimen abominable que les acompañará en todo momento.

miércoles, 11 de marzo de 2009

¡EL GOBIERNO HA ENCONTRADO LA SOLUCIÓN A LA CRISIS!: SUPRIMIR VIDAS HUMANAS QUE ESTÁN ESPERANDO NACER


El proyecto de la nueva ley del aborto amenaza con incrementar considerablemente el número de muertes de niños ya concebidos. Si esta ley se aprueba, España se convertirá en un gran horno crematorio: el holocausto volverá a alcanzar dimensiones inimaginables y, además, con la complicidad de gran parte de una sociedad aletargada, dormida, insensible ante la muerte de seres humanos indefensos.

Pero todo no es silencio. Hay voces que se alzan ante tanta barbarie que se avecina. Una de ellas es la de Alfonso López Quintás, Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. He querido compartir con vosotros este escrito suyo que apareció el sábado, 7 de Marzo, en ABC


NO LO COMPRENDO

Yo puedo comprender muchas cosas. Comprendo que una persona, por haber carecido de posibilidades, no tenga idea de lo admirable que es la vida. Comprendo que una persona no haya podido cultivar su sensibilidad y no distinga la más bella música de un simple ruido. Lo que no puedo comprender es que personas que han tenido el privilegio de cursar estudios, incluso superiores, sean incapaces de advertir que la vida humana, desde que se inicia, nos maravilla por su complejidad, su potencia creadora, su capacidad de configurar en poco tiempo un organismo que cientos de generaciones bien dotadas todavía no han logrado descifrar totalmente.

Si me dicen que son capaces de ello, entonces no acierto a comprender cómo se atreven a enfrentarse al poder maravilloso que dirige ese proceso que va organizando la vida de alguien que va a moverse, hablar, sentir, querer, hacer felices a otros, abrigar anhelos sin límite... Conocemos arquitectos que diseñan edificios admirables, y constructores que, piedra a piedra, los van alzando ante nosotros. ¿Alguien me puede revelar la existencia de un edificio que se haya edificado a sí mismo, creando desde un núcleo inicial los materiales necesarios para cada una de las partes y ordenándolos de forma armónica y eficiente? No lo hay; es pura ciencia-ficción. Pues el más humilde ser humano supera con mucho dicha ficción. El ser humano, tras desarrollarse mediante la información contenida en los genes, se abre a dimensiones infinitas. Pensémoslo durante unos minutos y nos espantará ver que seres humanos, vecinos nuestros, se arrogan el derecho de quebrar de raíz el «milagro de la vida humana» con fines suciamente lucrativos o miserablemente electorales.

Yo puedo comprender muchas cosas. Pero esto, no. Durante siglos, la Humanidad se esforzó por lograr una actitud de respeto incondicional a la vida humana. Y lo consiguió en buena medida. Pero ahora, la barbarie del aborto nos devuelve a las épocas menos desarrolladas en cuanto a moralidad o, sencillamente, a sentido humanitario. La nueva ley que nos amenaza con permitir el aborto libre —sin más motivación que el capricho individual— va a causar un bochorno insoportable a quienes no hayan perdido del todo la capacidad de pensar y de sentir. Se sentirán a disgusto en una sociedad tan degradada. Como miembros de la misma, se verán descalificados como personas si no lo delatan a gritos. Y se considerarán envilecidos, exiliados del ámbito de la cultura. No de la civilización, pero sí de la cultura.

Los responsables de tal ley pueden estar seguros de que, en este momento, las palabras más duras del diccionario afluyen, de por sí, a los puntos de mi pluma. Sólo les voy a decir la más contundente, a mi entender: «¡Son ustedes radicalmente injustos!». Tergiversan el orden de las cosas, alteran la escala de valores, aplican el poder que les han dado a vulnerar —sin más razón que su interés— el derecho a nacer de multitud de futuros españoles y a herir la sensibilidad de millones de compatriotas. Pero han de saber que todo ataque a la realidad no queda impune, pues la realidad acaba vengándose. Lo malo es que esta venganza nos afectará a todos. Es la tragedia de la política cuando se corrompe y se reduce a moneda ideológica falsa.

martes, 10 de marzo de 2009

UN VIAJE QUE OS RECOMIENDO: LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES

El sábado pasado terminé los Ejercicios Espirituales de este curso 2008-09. Han sido unos días intensos de oración donde el discípulo se abre, ayudado por la fuerza del Espíritu, a la acción de Dios que viene a renovar nuestro corazón para hacernos más de Cristo.

En estos días he vuelto a vivir, en primera persona, aquella escena del Evangelio en la que los Apóstoles, después de una actividad evangelizadora intensa, vuelven a reunirse con el Señor. El les dijo: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. Se fueron en una barca a un lugar apartado ellos solos” (Mc 6, 31).


Necesitaba alejarme existencialmente –y también físicamente- del ajetreo diario para descansar en el Señor, y recibir de El la luz y la fuerza que me ayudaran a reorientar mi vida interior, en una mayor fidelidad y generosidad a los designios de Dios sobre mí.


A todos los que entráis en este blogg, os recomiendo vivamente este viaje interior en el que siempre nos encontramos con el que es el Camino, la Verdad y la Vida. Es un viaje que realmente nos descansa, porque sin El todo se vuelve difícil, angosto y estéril.

Si hace tiempo que no habéis realizado esta “excursión”, no tengáis miedo y ¡hacedla!. Notaréis cómo os crecen alas en el alma para poder amar diligentemente con el mismo amor de Cristo.

jueves, 26 de febrero de 2009

CONTEMPLACIÓN DEL CRISTO DE LA RECONCILIACIÓN


Me he colocado ante el Cristo crucificado. Le he pedido al Señor, que está cosido al madero con clavos ingratos, que me hable, que despierte mi sordera, que rompa mi acostumbramiento de ver crucificados, que quebrante mi corazón de piedra que tantas veces mira al Nazareno clavado sin contemplación y sin diálogo. Me he colocado ante el Cristo de la Reconciliación, y le he pedido que me hable...

Y envuelto en el silencio, me ha mostrado sus ojos cerrados. Esos ojos que miraban con amor inmenso; esos ojos que miraban amando; esos ojos que descansaban en aquellos que se encontraban con El. Esos ojos están cerrados. El odio, el rencor, la violencia, el desamor, la burla, la afrenta, los desprecios, mis pecados y los de toda la humanidad han cerrado los ojos del que es la Luz del Mundo. Sus ojos cerrados me hablan de tantas puertas que se cierran ante el dolor de la gente. Sus ojos cerrados me hablan de tantas indiferencias ante la injusticia de los hombres. Sus ojos cerrados me hablan de... de ti y de mí, de nosotros, que nos encerramos por dentro para que el dolor de la gente no nos llegue, no nos invada, no nos quite la tranquilidad, y no rompa nuestro reposo, nuestro egoísmo confortable.

Sus ojos están cerrados , pero su cuerpo está abierto. Cinco puertas me introducen en lo más profundo de su ser. Las llagas de Cristo me hablan de un corazón abierto. Me hablan de encuentro y acogida. Me hablan de un Amor que se da hasta el último aliento. Las cinco heridas me hablan de un Amor que sangra por cada herida que cada ser humano recibe en este mundo. Las cinco puertas abiertas de su cuerpo me dicen, me gritan, que siempre el Amor de Cristo estará abierto para todos. Siempre le encontraremos esperando con el Corazón a punto, con el Amor amando.

Su cuerpo desnudo me habla de la libertad con la que El se ha abrazado al madero. No le han quitado la vida. El la ha dado libremente. Su cuerpo desnudo me muestra que toda su energía, toda su fuerza, se ha gastado cumpliendo la voluntad amorosa del Padre. Su cuerpo fuerte ya no respira, porque su oxígeno nos lo ha dado a nosotros para que tengamos Vida, y una Vida que no tendrá fin. Su cuerpo desnudo me muestra que no se ha protegido de nosotros, de nuestros actos, de nuestros rechazos, de nuestras afrentas. Ha venido a nosotros con el corazón en la mano, y con el cuerpo desnudo de defensas para conquistarnos con su indefensión y su pobreza.

Las heridas de la cabeza me hablan de su realeza. Es Rey. Sus joyas son sus espinas atravesando su frente. Su cabeza ensangrentada me habla de mi orgullo y mi altivez. Su cabeza llena de espinas me habla de la grandeza de obedecer en todo a Dios como expresión de un amor que se da. Su cabeza cubierta de llagas me habla de una inteligencia al servicio de la Verdad y de la Vida. Su corona de espinas me grita con fuerza que tengo que amar a Dios y a cada ser humano con toda mi mente...

Me he colocado ante el Cristo, y el Crucificado me ha hablado... Y ha quebrantado mi sordera. Y ha sensibilizado mi corazón. Y me ha abierto los ojos. Y me ha tocado el alma. Y me ha llenado de palabras de Vida. Me he acercado al Cristo, y El me ha hablado, y me ha mostrado sus brazos abiertos que quieren abrazarnos. Para eso ha muerto y ha resucitado, para que tu y yo experimentemos el abrazo del Hijo del Hombre. El abrazo de la Reconciliación. Para poder abrazarnos ha tenido que dejar su cuerpo colgando de un madero. Para poder abrazarnos ha tenido que entregar hasta el último aliento de su Vida la tarde de un Viernes Santo.

Me he colocado ante el Cristo de la Reconciliación, y le he pedido que me hable..., y El me ha hablado.

martes, 24 de febrero de 2009

SER CATEQUISTA HOY


He recibido este correo, y me ha parecido un buen material para reflexionar ante la proximidad del encuentro de nuestro Obispo con los catequistas, el domingo 1 de Marzo. Espero que os guste. Y gracias por la colaboración.

Dedico este escrito a todas aquellas (casi siempre son mujeres…) que dedican su tiempo a la transmisión de la fe a través de la catequesis. Dar catequesis no es impartir un libro, sino hacer visible la fe a aquellos que comienzan a descubrirla. Sean niños, jóvenes o adultos, no importa. El/la Catequista es aquel que introduce en los misterios de la fe a quien tiene sed de la trascendencia.

Son tiempos difíciles, ya lo hemos dicho en otras ocasiones. Para las catequistas no es una excepción. A las críticas habituales (que si son las pelotas del cura, que si cobran por su tarea…) se une hoy el desaliento por una labor de la que cada vez se ven menos frutos. Los sacramentos se han convertido en meros actos sociales y eso hace la tarea más ardua si cabe. Encontrar un niño que siga en postcomunión o un joven que tras confirmarse permanezca en la parroquia es casi una quimera. Además, nadie está dispuesto a dar nada gratis, y ello produce que nadie crea que un catequista realiza su labor por amor al Evangelio y a la Iglesia.

En nuestra cultura del ocio, niños y jóvenes tienen cientos de distracciones más entretenidas que la catequesis. Por ello, ir a catequesis se ha convertido en una obligación más, como el colegio, el judo o el refuerzo de inglés. Son pocos los que buscan a Dios a través de la catequesis. Pocas familias interesadas, pocos niños interesados. Es de cajón.Y sin embargo, allí están ellas. Dejando por un momento a sus familias, sus ocupaciones -o simplemente su descanso- dedican su tiempo y su esfuerzo a poner ladrillos espirituales en el Reino de Dios. Sin importarles las críticas. Tentadas (pero no vencidas) por el desaliento. Incomprendidas muchas veces incluso por las madres que les tendrían que estar agradecidas. Rebanándose los sesos para hacer más atrayentes sus esfuerzos. Me consta que a algunas las catequesis les cuesta incluso dinero de sus bolsillos. Aparte de la formación continua que ellas son conscientes que necesitan y que les quita más tiempo aún.

En fin, que como cura me quito el bonete. A todas ellas, ¡Gracias! Y no olvidéis nunca dos textos fundamentales de la Biblia: Primero, la parábola del sembrador (Mc. 4, 1-9). Vosotras sembráis en todas partes, que cada uno recoja lo que pueda… Y segundo, Cristo nos promete el ciento por uno y la vida eterna (Mc. 10,28-31) … merece la pena arriesgar nuestra vida por Él, que nunca falla…(Ante la próxima Jornada de catequistas con el Obispo…Animo Catequist@s!!)

HISTORIAS PARA REFLEXIONAR: EL NIÑO QUE QUERÍA SER TELEVISOR




Hace mucho tiempo pude ver en televisión un episodio de una serie que tenía como estrella a una buena actriz cómica norteamericana. Aquel episodio se centraba en la historia de una mujer que seguía con pasión las telenovelas: sufría cuando los protagonistas estaban enfermos en el hospital, se emocionaba con sus amores y se llenaba de ira ante las injusticias que sufrían. Mientras tanto, al lado de la televidente, su esposo le suplicaba un poco de atención porque un ataque de tos le estaba ahogando. La esposa, embebida en la serie que contemplaba, despreciaba con su indiferencia al marido enfermo, e incluso le gritaba que la dejara tranquila porque estaba viendo su serie favorita. Al final de aquel episodio, podíamos ver al marido solo y casi asfixiado, y su esposa llorando por la suerte del protagonista de la telenovela.

Y esto ocurre con frecuencia en la vida real. La televisión o el ordenador –que son grandes avances técnicos- los convertimos en el centro de nuestra vida. Ellos acaparan la gran mayoría del tiempo libre, aislándonos de los demás. Podemos empezar entonces una inversión de la realidad: lo que tenemos cerca –nuestra familia- lo convertimos en virtual, y lo que la televisión o el ordenador nos muestra, en la única realidad.

La historia que aparece a continuación, que alguien me regaló, refleja muy bien el protagonismo que estos medios técnicos están ocupando en nuestra existencia.

EL NIÑO QUE QUERÍA SER TELEVISOR

Señor, no quiero pedirte nada especial ni inalcanzable, como ocurre con otros niños que se dirigen a ti cada noche. Tú eres bueno y proteges a todos los niños de la tierra, hoy quiero pedirte un gran favor, sin que se enteren mis padres.

Transfórmame en un televisor, para que mis padres me cuiden como cuidan al televisor, para que me miren con el mismo interés con que mi madre mira su telenovela preferida, o mi padre su programa deportivo favorito.
Quiero hablar como ciertos animadores que cuando lo hacen, toda mi familia se calla para escucharlos con atención y sin interrumpirlos.
Quiero ver a mi madre suspirar frente a mí como lo hacen cuando mira un desfile de modas, o poder hacer reír a mi padre como lo logran ciertos programas humorísticos, o simplemente que me crean cuando les cuento mis fantasías sin necesidad de decir ¡es cierto! yo lo escuché en la tele.
Quiero representar al televisor para ser el rey de la casa, el centro de atención que ocupa el mejor lugar para que todas las miradas se dirijan a mí. Quiero sentir sobre mí la preocupación que experimentan mis padres cuando el televisor comienza a fallar y rápidamente llaman al técnico.
Quiero ser televisor para ser el mejor amigo de mis padres, el héroe favorito, el que más influya en sus vidas, el que recuerde que soy su hijo y el que, ojalá, les mostrara más paz que violencia.
Señor por favor, déjame ser televisor aunque sea por un día.

domingo, 22 de febrero de 2009

EL ENFERMO TERMINAL Y LA INFORMACIÓN DE SU SITUACIÓN


“Estoy en el hospital acompañando a un familiar que tiene una enfermedad grave irreversible. Los médicos han dicho que ya es el final y, a partir de ahora, la situación del enfermo se irá haciendo cada vez más crítica. Él todavía desconoce esta última información. Sus familiares queremos que sepa su situación, no queremos ocultarle nada para que se enfrente con dignidad al final de su vida –en la verdad y no en el engaño-, y para darle la oportunidad de solucionar cuestiones de índole espiritual –la paz con Dios y con los demás-, familiar y económico. Pero también tenemos miedo de que al saberlo sufra más y, lo que es peor, caiga en la tristeza y en la desesperanza. No sabemos qué hacer, ni cómo hacerlo”. D.C.M

Estáis viviendo uno de los momentos más delicados de vuestra vida. El dilema que se os presenta es compartido por muchas familias que están sufriendo vuestra misma situación. Sois conscientes de que morir con dignidad lleva consigo que el enfermo conozca la situación real de su estado de salud, para que pueda solventar temas trascendentales antes de que la muerte le sorprenda. Pero no queréis que esa información precipite el final del enfermo.

Es muy difícil dar una respuesta adecuada a esta pregunta directa. Hay que tener en cuenta muchos factores: la edad del enfermo, su formación intelectual, cultural, espiritual, su vida de fe, el apoyo que tiene de su familia, su capacidad personal para llevar el sufrimiento, la información que ha tenido anteriormente sobre la evolución de su enfermedad, etc. Sólo puedo ofrecer algunos puntos fundamentales que se han de tener en cuenta para enfocar convenientemente este caso.

1. Toda persona enferma intuye la gravedad de su situación cuando es consciente de cómo los síntomas de su enfermedad van introduciéndola en un estado preocupante. En estas circunstancias hay enfermos que manifiestan claramente su deseo de conocer plenamente la verdad de su estado. En estos casos omitir información es éticamente reprobable. También puede ocurrir, excepcionalmente, que algunos enfermos que intuyen su situación expresen, abiertamente o de modo sutil, no querer conocer la verdad. En estos casos tal petición también debe ser respetada (de alguna manera ya saben perfectamente que el final está próximo y sólo quieren evitar las palabras que lo notifiquen). Hay un tercer grupo de pacientes que no manifiestan abiertamente su deseo de saber, ni de “no ser informados”. Sólo intuyen pero no dicen nada.
2. Es importante determinar qué persona debe transmitir la verdad al enfermo para evitar versiones distintas de su situación que pueden provocar en el enfermo una sensación de desconcierto y confusión.
3. Se debe tener en cuenta que existe un lenguaje verbal (palabras) y un lenguaje no verbal (gestos, miradas, silencios...). Estos modos de lenguaje son empleados tanto por el que informa como por el enfermo. Tenemos que saber escuchar lo que el enfermo nos dice con todo su ser. El familiar que informa tiene que acompañar las palabras con los gestos de afecto y cariño, de lo contrario no se informará debidamente.
4. Tan perjudicial es para el enfermo omitir información como transmitirla incorrectamente. No podemos “lapidar” al enfermo con la verdad.
5. La información debe ser lenta y progresiva. En la información se debe ir despacio, sin prisa, buscando el momento oportuno, dando sólo los datos que el enfermo pueda asumir en cada momento, sabiendo que él actúa como regulador de la cantidad de información que quiere recibir en cada instante.
6. En la información siempre se le debe transmitir al enfermo esperanza. Esto no significa crearle expectativas de recuperación por parte del familiar que le informa, sino manifestarle ayuda total, permanente e incondicional. El familiar debe manifestar al enfermo que nunca le faltará el acompañamiento, que nunca estará solo, que nunca se sentirá desamparado, porque siempre y en todo momento estará apoyado por quienes le quieren plenamente.
7. Si el enfermo es cristiano, los familiares le facilitarán la conversación espiritual con el sacerdote para recibir la ayuda interna de la gracia que le fortalecerá en esos momentos tan difíciles. También los familiares elevarán sus oraciones al Señor para encontrar las palabras, gestos y momentos oportunos para trasmitir al familiar enfermo la verdad de su situación con delicadeza y cariño.